Nuria Pereira Martínez
Directora
Área Protocolo, Ceremonial, Heráldica y Eventos
Instituto Europeo Campus Stellae
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La
Educación Cortesana de Felipe II
Siguiendo la linea de estudio de la primera parte del master de protocolo y etiqueta internacional, así como el mismo modulo I, del Master de organización de eventos. Aquí os hago llegar el artíulo de la alumna Verónica Castro
Siguiendo la linea de estudio de la primera parte del master de protocolo y etiqueta internacional, así como el mismo modulo I, del Master de organización de eventos. Aquí os hago llegar el artíulo de la alumna Verónica Castro
Felipe II nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527, hijo del
emperador Carlos V y de Isabel de Portugal. Ya desde muy joven fue
preparado para ser rey; de ello se encargaron Juan Martínez Silíceo
y Juan de Zúñiga. Asumió el trono español tras la
abdicación de Carlos I en 1556 y hasta 1598 gobernó el extensísimo
imperio integrado por Castilla, Aragón, Cataluña, Navarra,
Valencia, el Rosellón, el Franco-Condado, los Países Bajos,
Sicilia, Cerdeña, Milán, Nápoles, Orán, Túnez, Portugal y su
imperio afroasiático, toda la América descubierta y Filipinas.
Durante el quinientos un componente esencial del ejercicio del poder
radicaba en la dimensión de lo carismático. Y por tanto el príncipe
debía ser instruido como uno de los actores principales de las
fiestas cortesanas y las grandes solemnidades del reino. Felipe II no
solo fue el rey del estricto gobierno y de la estricta fé, sino
también de la estricta etiqueta, que regía todas y cada una de las
facetas de su vida diaria.
La corte era una mezcla de servicio práctico, exaltación regia y
control social de la nobleza. Este medio cortesano no se define solo
por una etiqueta o una determinada organización interna, sino
también por constituir una pequeña sociedad con su carácter
autónomo y específico. Además la socialización cortesana de los
príncipes desde la niñez garantizaba la supervivencia del sistema.
En el caso a estudiar se pueden fijar tres etapas de aprendizaje
social de Felipe II, el espacio femenino a cargo de su madre
(1524-1533) seguido de un espacio de transición (1533-1535) y por
último un espacio plenamente masculino (1535-1546). El aprendizaje
de la etiqueta y las formas de vida cortesanas se corresponden
principalmente al periodo masculino y esta etiqueta era la de los
Trastámara “a la manera de Castilla”. Los modales en la mesa,
tanto en el comer como en el beber, la modulación cortesana del
lenguaje, la elegancia del gesto y el porte. Así lo dictaba Alfonso
X en sus leyes: “que los príncipes sean enseñados a no escuchar
con la boca abierta a sus interlocutores, a andar apuestamente, ni
muy incestos ni muy corvos, ni muy deprisa ni muy despacio, a no
dejarse caer en la silla al sentarse, a vestir con estilo y riqueza,
y a aderezar sus monturas de idéntico modo”.
De este modo, la manera de andar o el corte de pelo ( aclarar que : El pelo largo había sido desterrado del ideal de perfección de las
élites cortesanas),
eran solo parte de un todo más extenso que hacía referencia al
cuerpo entero: la mirada, los movimientos de los labios, la barbilla
erguida, la espalda recta, el movimiento de las brazos y los gestos
de las manos, las reverencias, inclinaciones, besos y abrazos debían
seguir las ordenanzas cortesanas. Incluso hacerlo con suficiente
gracia para que no se vea forzado o artificioso (sprezzatura
como decía Castiglione en “El Cortesano” de 1528).
Pero la imagen real distaba de la de un rey lujoso o caballeresco,
era el rey oculto que apenas salía de sus despachos, muy poco dado
al esfuerzo físico. Los retratistas de Corte le representaron
siempre de riguroso negro, con una mirada fría y una actitud ausente
que se buscaba de forma consciente. Era la creación del rey
retirado, el poder invisible que se adaptaba perfectamente a su
carácter introvertido, lleno de dudas y sospechas, con una terrible
incapacidad para decidir.
Incluso su propia imagen se reconstruyó por completo, creándose una
iconografía que duraría hasta Velázquez. Los escenarios se
vaciarán casi por completo, dejando la mesa, el sillón o el papel
en la mano como únicos símbolos del poder.
Y siguiendo el protocolo de la corte borgoñona, su postura corporal
nunca aparecerá relajada. Destacarán sus famosos pies en compás
(desde entonces símbolos de la realeza), así como un complejo y
casi imperceptible retoque de su anatomía construidos por dos
visiones distintas. El cuerpo hasta la cintura será visto de frente
mientras que las piernas se verán desde un punto de vista más bajo,
creando unas piernas alargadísimas que le daban una altura que jamás
tuvo.
La imposición del estilo borgoñón, por parte de su padre Carlos V,
fue intencionada para inculcar a los futuros súbditos la continuidad
de la autoridad de los Valois y para asociar a su nombre el esplendor
y el éxito de sus ancestros ducales. Carlos V, nació en Gante y
educado en la Corte Holandesa borgoñona, se sentía fuertemente
ligado a la etiqueta con la que había crecido y naturalmente deseaba
ver como la gloria de Borgoña se reflejaba en su corte española.
Era importante que su hijo castellano, destinado a gobernar los
Países Bajos, compartiera su cultura cortesana. Además, los
españoles compartían plenamente los ideales cortesanos de
caballería típicamente borgoñones, la cruzada católica y la
agresiva construcción de un imperio. Por lo tanto, al imponer la
etiqueta borgoñona a su hijo en la corte de Valladolid, el emperador
estaba realmente intentando manipular a la opinión política tanto
como satisfacer su inclinación personal y fijar sus gustos. Pero
Felipe II se sentía acorralado por este protocolo borgoñón y lo
suavizará con el protocolo mucho más religioso y a la castellana.

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